Recorrer el camino que nos lleva a donde siempre hemos estado esperando desplegarnos



martes, 26 de junio de 2012

Raíces de la violencia. Un estudio para pensar la cuestión de la diferencia 

(Artículo publicado en el número de Mayo del 2012 de la revista Actualidad Psicológica)

El género como categoría social
Hace unos días, en medio de un debate abierto sobre psicoanálisis y género, un colega mencionaba que cuando se hace referencia a cuestiones de género se alude casi siempre a las mujeres; es decir que cuando aparece este término en algún lado (``estudios de género’’, ``perspectiva de género’’, ``violencia de género’’) gran cantidad de veces se está haciendo referencia al género femenino. Esto me hizo pensar. Hay algo de cierto en esto, pero ¿se alude la mayoría de las veces a las mujeres cuándo se habla de género o eso es lo que se sobreentiende? Hay un cierto equívoco que se produce con este concepto, porque el género en sí no alude ni a las mujeres ni a los hombres. Creo que es con relación a la violencia de género en particular en donde más se presenta este desliz en tanto hay un conocimiento público de que son las mujeres las principales receptoras de violencia y no los hombres. Sin embargo, sí es cierto que la cuestión del género está íntimamente ligada a la historia y la situación de las mujeres. De hecho el concepto de género surge de la mano del feminismo con el objeto de poner sobre el tapete las constantes desigualdades que se perpetúan entre hombres y mujeres, entendiendo que en esta historia de inequidades las mujeres se han llevado la peor parte. La categoría de género surge como algo distinto al sexo, precisamente para marcar su diferencia. Mientras el sexo hace referencia al dato biológico: mujer-hombre, el género alude a lo que social, psicológica y culturalmente se espera de un hombre o de una mujer en un momento y en un lugar determinados, y de ahí surgen lo femenino y lo masculino. Por ejemplo, de modo general, sabemos que después hay excepciones, en nuestra cultura se espera de las mujeres que se depilen. Es verdad que estamos en un momento en que las características que definían a los géneros se han puesto en cuestionamiento y se atraviesa un período de mayor flexibilidad en este punto; no obstante aún con sus variaciones, el género sigue estando presente. Ahora bien, podemos cuestionar hasta qué punto ``se espera´´ que los sujetos respondan a un género; si el género es una categoría completamente construida cultural y socialmente o si se apoya en parte en ciertas características esenciales de cada sexo; si existen feminidades o masculinidades puras; si hay solamente dos géneros…más aún, algunas posturas sostienen que la noción de ``sujeto´´ asignada por el lenguaje es una construcción masculinista que niega la posibilidad estructural y semántica de un género femenino. Como vemos, el debate puede ser amplísimo, y de hecho, no hay en este punto conceptos cerrados sino posturas en constante interacción. Sin embargo, hoy en día se siguen escuchando chistes como ``te vas a tener que comprar una escopeta´´ dirigidos al padre de una nena que nace, mientras que eso jamás se dice cuando el recién llegado es un varón. Entonces, aún cuando actualmente podamos creer que el peso que tienen estas categorías es mucho más ``light´´en comparación con otras épocas (lo cual además creo que es cierto), eso no quiere decir que no haya cuestiones a pensar acerca de la impronta actual de éstas, e incluso sobre la huella que han dejado en generaciones de cuales nosotros venimos. Es en este punto que quiero detenerme a formular algunas preguntas: ¿Cómo se construyen esas categorías? ¿Quién o quiénes se encargan de decir qué caracteriza a lo femenino y qué a lo masculino? Y una pregunta más interesante aún, ¿responden a algún interés estas distribuciones? ¿Están al servicio de algún sistema de poder?

La cuestión de la violencia
Tal como mencionaba anteriormente, cuando se habla de ``violencia de género’’ se hace referencia casi exclusivamente a la violencia de la que son objeto las mujeres (por el hecho mismo de ser mujeres) y que es llevada a cabo en su gran mayoría por los hombres. Digo en su gran mayoría porque entiendo que muchas veces la perpetuación de una actitud violenta para con las mujeres es sostenida por sujetos de su mismo sexo (madres, abuelas, educadoras, etc.). Ahora bien, que hablar de violencia de género sea casi lo mismo que hablar de violencia contra el género femenino o violencia contra las mujeres (lo cual no quiere decir que sean sinónimos) responde en principio a una cuestión estadística; esto es, hay más, bastantes más, mujeres que sufren violencia por parte de hombres que al revés. Una de las últimas formas de nombrar uno de estos modos de violencia ejercidos contra la mujer es la categoría de ``femicidio´´. Se trata de hombres que matan a mujeres, y en muchas ocasiones esas mujeres son su pareja, o lo fueron, o ellos hubieran querido que lo sea. ``La maté porque era mía´´ es la frase que circula como leiv motiv para designar estos casos. Según el Informe de Investigación sobre Femicidios en Argentina en los últimos años la cifra de femicidios ha ido subiendo hasta llegar a 282 en el 2011. De todos modos, si bien la muerte es el paroxismo de la violencia contra la mujer, hay muchas otras formas de maltrato, abuso, discriminación y opresión que completan la gama: tráfico de mujeres para prostituir, abuso sexual, daño físico, acoso, degradación mediante la palabra, privación de la libertad, etc. Algunas de estas formas son incluso tan sutiles que muchas mujeres no tienen registro de que eso es violencia también. No es algo raro escuchar de una mujer en análisis que los celos posesivos de su pareja (prohibirles salidas, revisarles la ropa interior, golpearlas o gritarles porque se sienten inseguros de su fidelidad…) son una señal de que ella les importa; que si bien las agobian, las hacen sentir ``seguras´´ de su amor. En ocasiones pienso que las formas más sutiles son doblemente peligrosas en tanto no hay conciencia de ellas e incluso las propias mujeres las sostienen como un ``halago´´. El asedio de uno o varios hombres en un boliche es para muchas mujeres un signo de que son atractivas y deseadas y jamás se cuestionan por qué esos hombres se sienten con derecho a tratarlas así (desde perseguirlas todo el tiempo hasta tocarlas, forcejearlas, insultarlas si ellas no quieren estar con ellos, etc.) o por qué ellas mismas se prestan o incluso hasta incentivan ese ``juego´´. Ejemplos como este dan cuenta de una herencia que arrastran las mujeres, la herencia de agradar a los demás, de ``SER´´ en tanto son elegidas por un hombre, aún cuando ni siquiera les guste quién las elige. Pero ¿por qué aún hoy algunas mujeres siguen soportando cosas como estas? ¿Por qué muchos hombres siguen creyendo que las mujeres son objetos de uso o sienten que por ser ellas sus parejas o sus hijas son de su propiedad, por ejemplo? Esto tiene que ver con muchas cosas, sin duda, pero hay algo ineludible y se trata de una larga historia detrás nuestro que ha marcado durante mucho tiempo los ritmos de las relaciones entre mujeres y hombres; que ha dejado marcas a fuego (en la cultura, en el inconciente, en los cuerpos, en la descendencia), de los lugares que un hombre y una mujer tenían que ocupar. Claro que la situación de mujeres y hombres no es la misma que hace 200 años, ni tampoco que hace 50 años, pero hay cierta fibra nuclear que aún persiste y que podrá seguir persistiendo en la medida en que no se aborde profundamente la cuestión de la diferencia. Todos los seres humanos somos diferentes y únicos, si, pero entre hombres y mujeres existe la diferencia más radical, la diferencia primera, casi podríamos decir la primer distinción que se hace de alguien al nacer. Y si hay algo difícil de soportar es la cuestión de la diferencia. Lo diferente genera temor, impotencia, agresión, deseos de extinguirlo, de subordinarlo, de ``tener la razón´´. No digo que siempre lo diferente genere esto, de hecho lo distinto puede ser fuente de nuevas posibilidades, de apertura, de crecimiento, de evolución; pero no siempre las cosas son de este modo. Me interesaría entonces hacer un breve recorrido por la historia de las mujeres, que sin duda es la historia de los hombres también, o al menos es una referencia constante a los hombres, para poder ver cuáles fueron los lugares que les han tocado jugar a los diferentes sexos a lo largo del tiempo y qué de esa historia sigue presente hoy. Las preguntas serían ¿Cuáles son las raíces de la actual violencia contra las mujeres? ¿Desde cuándo existe esta situación? ¿Es posible conmover algo tan establecido sin meterse con sus orígenes, con aquello que lo ha sostenido durante tanto tiempo? Tengo la idea de que en la medida en que podamos saber de esa historia, conocerla y hacerla conciente, habrá más posibilidades de poder hacer algo distinto con eso, de saber que las cosas no son así por orden divino sino que en algún momento se acomodaron de cierto modo para que fueran funcionales a algo, a alguien(es). Aún así, la historia no se modifica, pero uno puede pararse en una posición distinta respecto a ella…padecerla o usarla para crecer.

Las mujeres en la historia
Lo que comúnmente podemos conocer o saber acerca de la situación de la mujer en la historia es todo aquello que ha sucedido durante el patriarcado o régimen patriarcal. No existen documentos escritos que den cuenta de los modos de organización de la humanidad previos a este estadío, sino teorías e hipótesis hechas en base a reconstrucciones histórico jurídicas, excavaciones arqueológicas y suposiciones lógicas. Algunas de esas teorías, como la de J.J. Bachofen sostienen la existencia de un estadío previo al patriarcal; de hecho dos estadíos. El primero, caracterizado por la promiscuidad sexual, la cual dio como resultado el hecho de que sólo la madre fuera certera en tanto progenitora. Esto le otorgó a la mujer una posición de gran respeto y veneración en tanto dadora de vida y constituyó una forma de organización denominada matriarcado o ginecocracia (segundo estadío). Según Bachofen, algunas de las características de esta época habrían sido el entusiasmo lírico, la vinculación profunda con la Naturaleza y la equidad de la madre respecto a hijas e hijos; no obstante, a su entender, la sintesís dialéctica como evolución de la historia sólo fue alcanzada con el advenimiento del orden patriarcal. Por su parte, la famosa antropóloga Marija Gimbutas ha encontrado en sus excavaciones testimonios de ``…sociedades pacíficas e igualitarias que profesaban una religión naturalista en sus cultos a la Diosa Madre y a otras diosas agrarias y locales´´(1) En cuanto al motivo y al modo en que se produjo el paso del sistema matriarcal al patriarcado tampoco hay certezas. Es probable que se haya tratado de invasiones de pueblos guerreros que manejaran el hierro y por tanto las armas; también hay diferentes teorías respecto de este punto. En su libro ``Matria. El horizonte de lo posible´´ Victoria Sendón de León dedica un capítulo a dar cuenta de cómo el inicio del patriarcado estuvo sostenido en la alteración de toda una serie de símbolos del prestigio y el poder femeninos: ``el poder de la Diosa Madre y el de las diosas de la fertilidad, que habían reinado hasta entonces en las sociedades pre patriarcales, fueron ridiculizados, invertidos o ignorados, contravalores proyectados sobre las propias mujeres. Después vinieron las definiciones de género, que las presentaban como seres incompletos o castrados, y a los varones como representantes de lo humano´´. (2) Unas páginas más adelante se refiere a la figura de Afrodita: ``Afrodita responde al mismo arquetipo femenino que la Isthar mesopotámica y la Astarté cananea, diosas también del amor y la vida. Como diosa del origen surgió desnuda de la espuma, fijando su residencia en la isla de Chipre. Su nombre, ``nacida de la espuma´´, sugiere que esa espuma era el Caos primordial, por eso Apuleyo se refiere a ella como a ``la primitiva madre de la Naturaleza, el origen y el germen de los elementos, la Venus nutricia del universo´´. Sin embargo, el mito posterior (patriarcal) afirma que nació del semen de Urano cuando su hijo Cronos le cortó los genitales y los arrojó al mar. Un ejemplo ilustrativo de la impostura hace que muchas de las diosas antiguas tengan como padre, sin intervención de madre alguna, a uno de los dioses del nuevo Olimpo´´. Como este, menciona una gran cantidad de mitos sobre deidades femeninas que habrían sido tragiversados con el fin de opacar la fuerza femenina. Por lo demás, uno de los aspectos que mayor intento de control suscitó fue la maternidad, la figura femenina como dadora de vida, como equivalente de la Naturaleza (casualmente también a esta última se empeño el hombre en dominarla…). En cuanto al patriarcado, este se ha caracterizado por ser un tipo de organización social en la que la autoridad es ejercida por el padre de la familia, quien es a su vez el dueño de su esposa, sus hijos y los bienes. Con el advenimiento del Estado moderno, el poder sobre la vida de la mujer y los hijos pasa ``del pater familias al Estado, que garantiza principalmente a través de la ley y la economía, la sujeción de las mujeres al padre, al marido y a los varones en general, impidiendo su constitución como sujetos políticos´´. (3) Al tener el control sobre las mujeres, el sistema patriarcal se asegura el control de la sexualidad de la mujer, del goce de la mujer (luego veremos la importancia de esto) y de la capacidad reproductiva de ésta. La organización familiar con el padre/marido a la cabeza trajo como resultado que la mujer cambiara su antigua situación de explotación como trabajadora, como prestadora de servicios sexuales y como reproductora a un nuevo modo de sumisión (al marido, al Estado) pero a cambio de ``protección´´ y manutención. En este punto no puedo menos que encontrar una similitud con gran cantidad de mujeres que actualmente no se separan de hombres a los que no quieren, o por los que son maltratadas por el hecho de no saber qué o cómo hacer con sus vidas y con las de sus hijos si no tienen el sostén económico de su marido. Aún cuando las leyes exigen que el padre pase a los hijos una manutención (cosa que no en todos los casos se cumple), muchas mujeres creen que no van a poder solas porque siempre estuvieron ``bajo´´ el ala del hombre. El orden patriarcal parece haber colaborado con el hecho de que las mujeres adoptaran una posición aniñada en el sentido de la tutela que los hombres ejercían y ejercen respecto de ellas en gran cantidad de casos. (Por lo demás, esta impronta de ``dominio´´ es la que persiste hoy en día en muchas de las formas de violencia que se ejercen contra las mujeres). Con esto no quiero decir que efectivamente no sea algo muy complicado para una mujer separarse de alguien que la maltrata, sobre todo si no tiene redes de apoyo que la contengan y la sostengan en ese movimiento, pero sí me parece interesante pensar en el hecho fáctico de que tantas mujeres lleguen a una situación de sujeción tal respecto de un hombre… Por otro lado, está el papel de las políticas de estado. ¿Contiene el estado a una mujer que intenta salirse de una situación de violencia? ¿O los procedimientos estipulados suelen dejar baches que luego de una eventual denuncia la exponen a una potencial violencia redoblada?

El cuerpo femenino: deseado, temido, controlado
El cuerpo femenino encarna para el hombre la diferencia radical. A lo largo de la historia los atributos que lo describen dan cuenta de la mezcla de fascinación y horror que este generaba en los hombres. Castración, imperfección, impureza, debilidad…son algunos de los términos con los que el discurso imperante lo ha nombrado. Pero, ¿por qué este cuerpo es capaz de suscitar tales sentimientos? Veamos un poco… Una característica muy presente en la antigüedad fue la creencia en la propiedad del útero de migrar dentro del cuerpo femenino. Creencia sostenida en la observación de casos de prolapso de útero que llevaron a la teoría del útero migratorio, difundida por mucho tiempo. Esto convirtió a las mujeres en seres misteriosos que albergaban algo oscuro y peligroso en su interior. En su obra titulada ``Timeo´´, además de considerar que las mujeres son la reencarnación de aquellos hombres que en su vida anterior fueron cobardes (``la encarnación misma de la pusilanimidad humana´´(4)), Platón expone lo siguiente: ``Los así llamados úteros y matrices en las mujeres-un animal deseoso de procreación en ellas, que se irrita y enfurece cuando no es fertilizado a tiempo durante un largo período y, errante por todo el cuerpo, obstruye los conductos de aire sin dejar respirar- les ocasiona, por la misma razón, las peores carencias y les provoca variadas enfermedades…´´(5) Me interesa destacar como en esta descripción platónica el útero parece encarnar aquel aspecto del cuerpo femenino que ha generado cierto temor en los hombres (y por qué no en las mujeres también) de todos los tiempos. A ese animal deseoso, que puede enfurecerse y ocasionar todo tipo de males es al que hay que gobernar, controlar… ¿No es el útero una perfecta metáfora del goce femenino, casi tan deseado como temido…? Por su parte, Aristóteles, uno de los más grandes referentes durante mucho tiempo, consideraba que la mujer era inferior al hombre desde todo punto de vista y justificaba esa inferioridad diciendo que era propia de su naturaleza. Por lo demás no consideraba que las mujeres fueran ciudadanas, como lo eran los hombres libres, sino elementos subordinados de la ciudad. Durante la Edad Media, el discurso médico se supeditó al eclesiástico, haciendo uso este último de teorías erróneas de la antigüedad para justificar sus prédicas acerca de la peligrosidad femenina. Tanto la teoría del útero migratorio (interpretado como un animal deseoso y peligroso) como la debilidad e imperfección femeninas, absolutamente naturalizadas, serán el alegato más fuerte para sustentar el ``natural´´ vínculo de la mujer con el pecado y los vicios y lo que fundamentará la necesidad por parte de la iglesia de realizar un exhaustivo control sobre el sexo femenino. En lo concerniente al goce femenino, los autores de la época compararán el deseo de la mujer con una madera húmeda que, tarda en prender fuego, pero cuando lo hace, arde durante mucho tiempo. (6) Las concepciones aristotélicas confirman esta insaciabilidad del deseo femenino en tanto afirman que la naturaleza húmeda de la mujer le otorgaría una capacidad ilimitada en el acto sexual. Este goce ilimitado, no regulado, será rápidamente vinculado a una presencia demoníaca dando lugar a una serie de ecuaciones comunes de la época: mujer=demonio, peligro, tentación, pecado, prohibición, engaño, etc. En un momento en que la castidad y el control de los goces carnales constituía la aspiración máxima de todo aquel que quisiera formar parte del reino celestial, el cuerpo femenino, símbolo de la lujuria y los placeres de la carne, sólo podía representar la desviación de lo divino, y por tanto, una de las caras del demonio. Es durante este período que la figura de la bruja cobra un valor preponderante. Gran cantidad de éstas eran mujeres pobres, solas, lo cual generaba cierta amenaza en tanto estaban por fuera del sistema de control que constituía el matrimonio; no sólo en lo referente a las relaciones sexuales, que eran permitidas únicamente dentro del lecho conyugal y con la finalidad de la procreación, sino también en cuanto a sus ocupaciones. Muchas eran magas, parteras, sanadoras; esto es, mujeres que detentaban cierto saber y que en los niveles más populares ocupaban un rol similar al de los ilustres médicos, varones por excelencia. Además, practicaban diferentes métodos de control de la natalidad, algo repudiado por la iglesia y por tanto, digno de persecución. Más adelante, la medicina reconocerá que ambos sexos son imprescindibles y complementarios en la procreación; así, la mujer comenzará a ser honrada en tanto madre, (siempre que fuera dentro de la familia patriarcal, claro). Arma de doble filo, esta veneración la convierte a la vez en protagonista y prisionera del hogar. Como vemos, el cuerpo de la mujer, encarnación de la diferencia para el hombre, fue el depositario de todo tipo de proyecciones. Creo que en este punto se convierte en un catalizador que permite dar cuenta del tratamiento que ha hecho de la diferencia el discurso patriarcal, discurso que Lacan llamo del Amo (el Amo antiguo).

Algunas consideraciones sobre la diferencia 
Las mujeres son distintas, indescifrables, locas, lujuriosas o frígidas, brujas, devoradoras insaciables y por eso hay que controlarlas; sino pueden terminar con el hombre. Hoy día muchos hombres siguen llamando a su mujer ``la bruja´´. Esta figura representa el saber no académico de las mujeres, vinculado a la Naturaleza, incluso tal vez a la intuición de la que las mujeres hacían uso extraoficialmente y que los hombres de poder (médicos, religiosos..) intentaron extinguir por todos los medios posibles. Pero también hace alusión a aquella que puede usar esos saberes para dañar, para maldecir, para matar. Ese es claramente un temor masculino a la vez que un modo de justificar la necesidad de control. Ubicar a las mujeres en un lugar de inferioridad y sumisión, de objetalidad y de dominio, ¿no fue el modo de protegerse de aquella fuerza que tanto se temía? La violencia suele ser producto de la impotencia, de la sensación de ser avasallado por el otro y es evidente que algo de esto ha de provocar la mujer en el hombre. Lacan menciona que la tensión imaginaria genera una agresividad que se plantea en los términos ``o yo o el otro´´. Desde este plano no hay lugar para el otro, rival especular que pone en jaque mi propia integridad. Ahora bien, lo simbólico, ¿hasta que punto ha contribuido a suavizar esa tensión? ¿No ha sido, por el contrario, la construcción simbólica del discurso imperante, discurso del Amo, fálico y hegemónico, una legitimación de la agresividad imaginaria? A nivel simbólico, la mujer ha encarnado la figura del Otro radical (incluso para sí misma), aquella que no encaja del todo en la horma fálica. Es que las mujeres habitan este universo simbólico; más aún, son, al igual que el resto de los seres hablantes, habitadas por el lenguaje. ¿Y qué les ha pasado a las mujeres con el lugar que les ha sido asignado? Sin duda han sintomatizado. Han hecho y siguen haciendo intentos por encajar en el modelo (no todas, por supuesto). Encajar bajo el modo de condescender al lugar que les fue otorgado, encajar buscando parecerse a los hombres, incluso denunciando lo mal que el hombre hace su papel y dedicando su existencia a esta denuncia. En los análisis de algunas mujeres aparece la referencia constante a la boludez de los hombres, a su impotencia, junto con la fantasía de vengarse de ellos, de aleccionarlos siendo como ellos, duras, insensibles, frías (estas características son sólo un recorte clínico, reflejo de lo que la masculinidad significa para algunas mujeres). Para ellas ser mujer es sinónimo de sufrir y por eso reniegan de ese lugar. Paradójicamente, este camino las conduce a una trampa de padecer constante. Hay aquí un aspecto que ha llamado mi atención y es cierta ligazón de la feminidad y el sufrimiento de un modo bastante frecuente. A esto, entre otras cosas, me refería cuando hablaba de las marcas que la historia de las mujeres ha dejado hoy en día. Por supuesto no paso por alto la relación de los sujetos con el goce, con los significantes propios con los que se han quedado enredados en el padecer particular; esto último atraviesa a todos los seres parlantes. Pero, si tal como propone Lacan, el inconciente es el discurso del Otro, si estos dos tienen una relación mohebiana (inconciente y discurso), ¿no sería lógico pensar que este discurso ha distribuido ciertos modos de goce, en este caso de padecer? En este punto, y lejos de plantear ``la culpabilidad de la víctima´´ ( y en disidencia tanto con el concepto de culpabilidad como con el de víctima), si me parece una pregunta necesaria e interesante la de si la mujer sostiene, en tanto marcas de goce, modos de goce señalados por el discurso, el lugar de la no entendida, la desdichada, la maltratada, la sufriente. E insisto, no estoy diciendo con esto que las mujeres tienen la culpa de estar en ese lugar; durante todo el trabajo he intentado mostrar lo difícil que ha sido para las mujeres convivir con el lugar que les era asignado discursivamente. Pero si creo que para pensar en un cambio de la situación es necesario interrogar tanto un lado como el otro. A la ``dominación masculina´´ de la que habla Pierre Bourdieu, ¿cómo respondieron las mujeres? Una de las respuestas fue el odio, la agresividad, la denostación del universo masculino. Y si bien podemos pensar que estas reacciones están más que justificadas teniendo en cuenta todo el odio que el sexo femenino ha tenido que soportar por gran cantidad de culturas (ahora me viene a la cabeza la ablación practicada a algunas mujeres), no parece ser este el camino por el cual se consiga terminar con la violencia, sino todo lo contrario. A decir verdad, no creo que la violencia sea algo que pueda erradicarse, pero definitivamente pienso que las cosas pueden ser de otro modo, que hay un horizonte de lo posible por construir. Además, el ejercicio de la violencia por parte de los actores individuales, también tiene que ver con cierta legitimación de ésta y en ese punto la cuestión deja de ser personal y se convierte en social, cultural, educacional y política. Por su parte las mujeres tendrán que hacerse cargo de salir a buscar su nuevo lugar, de hacerse responsables de construir una nueva identidad, nuevas formas. Sin embargo, si bien creo que hay muchos aspectos en los que las mujeres tenemos que lograr nuestra propia forma de expresión, nuestro modo particular de ser en el mundo y con el mundo, también creo que este cambio tiene que darse en constante interacción con los hombres, que a su vez tendrán sus movimientos para hacer. Siempre habrá una brecha, la diferencia, que en términos de identidad sexual ya ni siquiera se reduce a hombre o mujer; también están los travestis, los transexuales, lesbianas, gays, queer y quién sabe cuántos más…siempre habrá diferencia. Se trata de vivir con eso.

Recortes finales
Por último, me gustaría transcribir algunos recortes sobre la posición de ciertas autoras que plantean la búsqueda de una cultura de dos sujetos no sometidos uno al otro, como un horizonte posible.(Particularmente creo que hasta podría cuestionarse que sean solo dos los géneros que tendrían que aprender a convivir; ahora mismo ya empezó a circular la categoría de ``indeterminado´´ para aquellos sujetos que no se ubican ni en las filas de los hombres ni en la de las mujeres )

Luce Irigaray. Filósofa, psicoanalista, investigadora, escritora, conferencista y luchadora por una sociedad capaz de contener diferenciadamente a los dos géneros.
 -``Tres intenciones organizan el desarrollo de mi pensamiento: la crítica de una cultura de sujeto único, el masculino; le definición de parámetros que permitan la constitución de una subjetividad femenina autónoma, y la búsqueda de condiciones de posibilidad de una cultura de dos sujetos no sometidos uno al otro´´.
-``Yo pienso que liberarse consiste, para una mujer, sobre todo en la toma de conciencia de sus propios valores y en afirmar su derecho a existir en la vida privada y en la pública. Se trata de tomar conciencia de su sumisión a un solo orden subjetivo, de descubrir y cultivar ese otro sujeto que es la mujer…´´
-``Me impresiona constatar que las mujeres, incluídas las artistas, expresan sobre todo el sufrimiento. ¿No será eso una prueba de que no se escuchan a sí mismas? Las mujeres están bien dotadas para la felicidad pero a fuerza de no hablar en un sentido positivo, cierto que la cultura no nos ofrece muchas palabras ni medios para hacerlo, lo positivo se cubre con lo negativo´´.
-``Hacer responsable al otro del propio malestar es también una manera de aceptar la dependencia. .´´ `` Que conquisten su autonomía sin agresividad hacia los hombres y sin esperar que sean ellos quienes cambien..´´

Victoria Sendón de León. Representante del feminismo de la diferencia y ahora del feminismo integral en España. Filósofa. Guionista y realizadora en producción audiovisual.
-``Mi análisis se centra en llamar patriarcado al sistema de dominación imperante desde hace miles de años, del cual se han derivado tanto el capitalismo como el comunismo, y ahora el Imperio, que tampoco es nuevo´´.
-``La vida, por supuesto, exige muchos esfuerzos, pero nuestra evolución no supone una mayor resistencia para el sufrimiento, sino una mayor inteligencia para aprender a no sufrir´´.
-``Si decimos que una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido algún maltrato físico o moral, no estamos descubriendo el verdadero rostro del problema. Lo significativo desde nuestra perspectiva es que uno de cada tres hombres es un maltratador´´ ``…invertir los indicadores contiene, además, un logro añadido. Y es que las mujeres nos liberamos de nuestro eterno papel de víctimas´´.
-``Cualquiera, mujer o varón, pueden ser una cosa, la otra, o las dos indistintamente. A lo que me refiero es a la valoración que se hace de determinadas funciones, roles, actitudes o aptitudes´´.
-``…la dominación simbólica, agazapada, está escrita en el inconciente de nuestra civilización´´ ``Se trata, pues, de una dominación inconciente´´ ``y que nosotras mismas acatamos sin conciencia de ello´´``…crear orden simbólico pasa por el proceso de autosignificarse… se crea orden simbólico con el modo de vivir, de hablar, de amar, de relacionarse, de trabajar, de ejercer el poder…lo difícil es hacerlo significativo´´

Alessandra Bocchetti. Feminista Italiana, fundadora en integrante del Centro Cultural Virginia Woolf en Roma.

-``Las políticas de igualdad son en el fondo políticas que marginan. Los políticos piensan que las mujeres son sujetos a los que hay que ayudar; no ven ninguna grandeza en la vida de las mujeres, no pueden siquiera imaginar su libertad. La igualdad es una política de tutela que, queriendo superar la marginación de la mujer, al final la replantea´´

Desde ya, este es un recorte de la situación, una interpretación personal. Hay mucho por construir en el camino hacia una relación más armónica entre los sujetos, hacia un sistema en el que puedan coexistir las diferencias individuales…
                                                                                                                                 Fernanda Trezza


Notas:
(1) Sendón de León, Victoria. ``Matria. El horizonte de lo posible´´. Capítulo 3. Pág. 113.
(2) Idem. Pág. 108
(3) Marta Fontenla. ``¿Qué es el patriarcado?´´. http://www.nodo50.org/mujeresred/spip.php?article1396 (4) Sissa, Giulia. Filosofías del género: Platón, Aristóteles y la diferencia sexual. En Historia de las mujeres. Tomo 1. La Antigüedad. Ediciones Taurus, Madrid, 2000. Pág.130
(5) Platón. Timeo. En Diálogos VI (Filebo, Timeo, Critias). Biblioteca Clásica Gredos. Editorial Gredos, Madrid, 1992. Págs.259-260
(6) Thomasset, Claude. “La naturaleza de la mujer”. En “Historia de las mujeres”. Tomo II. La Edad Media. Ediciones Taurus, Madrid, 1992. Pág. 80

Bibliografía:
-Sendón de León, Victoria. ``Matria. El horizonte de lo posible´´. España. Siglo XXI editores. 2006.
-Bourdieu, Pierre. ``La dominación masculina´´. España. Editorial Anagrama.
-Butler, Judith. ``El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad´´. España. Editorial Paidós. 2007
-De Beauvoir, Simone. ``El segundo sexo´´. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. 1999
-Irigaray, Luce. ``Espéculo de la otra mujer´´. España. Editorial Akal. 2007
-Lacan, Jacques. ``Escritos 1. Capítulo 2: La agresividad en psicoanálisis´´. Siglo XXI editores. Decimo cuarta edición en español. 1985
-Lacan, Jacques. ``El seminario. Libro XVII: El reverso del Psicoanálisis (1969-1970)´´. Buenos Aires. Ediciones Paidós. 1992
-Fernandez, Ana Maria. ``La mujer de la ilusión. Pactos y contratos entre hombres y ón de León.mujeres.´´. Buenos Aires. Editorial Paidós. 1993.

miércoles, 29 de febrero de 2012

"No es la transmisión de conocimiento la riqueza constitutiva de la educación, sino la comunicación de positivas emociones éticas las que educan a los jóvenes (Ver "La sociedad de los poetas muertos", "La lengua de las mariposas", "Los coristas")...Lo que más se puede transmitir sin empatía es información, pero procesar información no es relevante si no produce ideas o cambios de actitud".

Del libro "Matria. El horizonte de lo posible" de Victoria Sendón de León
"La perspectiva de los evolucionistas, respecto a la supervivencia de los más fuertes, ha cambiado radicalmente desde que Lynn Margulis demostró que el motor de la evolución radicaba en la simbiogénesis, es decir, en la simbiosis o colaboración de dos organismos que se unen para producir otro más evolucionado. Es éste el patrón evolutivo y no la lucha individualista por la supervivencia".

Del libro "Matria. El horizonte de lo posible" de Victoria Sendón de León

lunes, 27 de febrero de 2012

Imagina

Imagina que no existe el cielo
es fácil si lo intentas
ningún infierno bajo nosotros
arriba nuestro solo cielo
imagina a toda la gente
viviendo el hoy...

Imagina que no hay países
no es difícil de hacer
nada por que matar o morir
ni tampoco religión
imagina a toda la gente
viviendo la vida en paz...

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y el mundo será uno.

Imagina que no hay posesiones
me pregunto si puedes
ninguna necesidad de avaricia o hambre
una hermandad de hombres
imagina a toda la gente
compartiendo todo el mundo...

Puedes decir que soy un soñador
pero no soy el único
espero que algún día te nos unas
y el mundo vivirá como uno.

John Lennon

viernes, 1 de abril de 2011


HACIA UNA MATERNIDAD MAS CONCIENTE 

Cuando una mujer se convierte en madre se abre para ella un universo antes desconocido, una nueva dimensión, una vida nueva dentro de la que hasta entonces era su vida. Desde la sobrenatural sensación de llevar un ser dentro suyo, experimentando como protagonista y espectadora los cambios de su cuerpo, su mente y su alma (verdaderas revoluciones que, según cada mujer, pueden ser vividas de formas muy distintas); pasando por el parto, esa experiencia tan real como onírica, tan maravillosa para algunas como atemorizante para otras, hasta el encuentro con ese nuevo ser que es su hijo, y con ese nuevo ser que es ella como madre. Y también con ese nuevo ser que es su compañero, o compañera, como padre (o como quien cumple esa función de sostener a la madre, entre otras cosas).
Paradójicamente, junto con el bebé llega el vacío. No sólo por la sensación (que experimentan algunas mujeres), de que cierta unidad se rompió, de que queda un vacío en ellas al producirse esa primera separación entre su cuerpo y el del bebé; sino porque cuando el bebé real hace su aparición nos confrontamos con el vacío de no saber. No saber cómo, ni qué, ni cuándo. (Puede que esta sensación sea mayor con un primer hijo, pero cada experiencia de maternidad es distinta, singular, por el momento particular de la madre como persona, por el contexto, y porque los hijos son distintos, únicos también). Es verdad que contamos con algunas cosas que nos han dicho, familiares, amigos...posiblemente también hayamos leído libros, o revistas, o artículos en Internet, en búsqueda de alguna información, orientación; y también está el saber médico: obstetras, parteras, puericultoras, pediatras… Sin embargo, gran cantidad de veces los saberes que hemos escuchado o leído sobre una misma cuestión se contraponen. Por ejemplo, algunos proponen que la teta debe ser dada a “libre demanda”, es decir, cada vez que el bebé la pida, mientras que otros consideran que hay que tratar de darla cada dos horas (por ejemplo) y durante una cantidad de tiempo determinado. Y si el bebé está en la teta demasiado tiempo se dice a veces que "ya la está usando de chupete" . Como esta, nos encontramos con una infinidad de teorías, indicaciones, consejos u opiniones contradictorias (a decir verdad, como sucede con todo en la vida, sólo que al momento de tomar decisiones respecto de un recién nacido, que además es nuestro hijo, eso es bien particular).
¿Qué hacemos entonces?
Una de las cosas que observo es que frente a esta incertidumbre muchas veces se suele hacer lo que los otros dicen porque son "los que saben", ya sea porque estudiaron o porque tienen más experiencia que uno en el tema. Lo que me parece una pena de esto es (más allá de que efectivamente los otros puedan saber muchas cosas) el hecho de que en la preocupación por seguir las indicaciones de "los que saben" se deje de lado la conexión de una mujer con su propia intuición, con su saber interior y con la particularísima conexión que sólo ella puede tener con su hijo. Creo que atravesamos (hace tiempo) un momento en el que consumimos todo lo que nos ofrecen desde afuera, mientras que hay cosas que sólo podemos encontrarlas si buscamos dentro nuestro.
Este es uno de los motivos que me llevó a pensar en la importancia de crear un espacio para las madres, mujeres maternantes. Porque entiendo la maternidad, al igual que la vida, como una construcción permanente, lo que implica que no hay una forma de hacerlo sino que cada mujer ha de construir la propia, a cada momento. Y esta construcción, para que sea conciente, para poder elegir realmente cómo queremos maternar, qué cosas queremos transmitir, va a implicar un viaje al interior de nosotras mismas. Creo que la maternidad  es una oportunidad.

Los hijos como oportunidad de ver(se)
Los hijos, los chicos, son una suerte de espejos que reflejan aspectos de los seres más cercanos a ellos, particularmente de sus padres. Y ahí, puede suceder que los padres se enorgullezcan de ver ciertas características propias o valoradas por ellos en sus hijos, sin embargo, frente a otras características de los chicos, sobre todo aquellas consideradas problemáticas o "mal vistas", resulta más difícil preguntarse en qué medida eso que le pasa a nuestro hijo tiene que ver con nosotros. Lejos estoy con esto de plantear que un chico no tiene su carácter, sus particularidades, o sus "berrinches" propios de la niñez. Pero más allá de esto, los chicos suelen ser los portavoces de los aspectos menos concientes de los padres, de aquello con lo que uno no se ha podido enfrentar o no ha logrado resolver. En general es bastante difícil, casi imposible, lograr que algo cambie en un chico si no se trabaja con la familia, con el entorno de ese chico.
El hecho es que en general resulta más fácil "hacer ver" al chico (basta con observar, por ejemplo, la cantidad de chicos diagnosticados como "hiperactivos" y medicados con Ritalina) que preguntarse ¿por qué le pasa esto?, ¿qué estará queriendo decir esto que le pasa? Como dije antes, estamos muy acostumbrados a consumir soluciones mágicas y rápidas, medicamentos, saberes científicos, y nos cuesta ir a buscar respuestas adentro nuestro, básicamente porque resulta más trabajoso. Otras veces ni siquiera nos imaginamos que podemos tener algo que ver con esto que le pasa a nuestro hijo, porque no sabemos.
Y definitivamente no se trata de culpabilizar a los padres o de pensar que no aman a sus hijos. No! Pero sí es importante que podamos tomar conciencia de nuestros actos; hacerlos a conciencia. Un hijo nos confronta con esto (aunque a veces nos resulte difícil), y con el no saber.
En su libro Crianza, Laura Gutman dice que la maternidad es un viaje a ciegas sin red. En este sentido, propongo este espacio, este círculo de mujeres, como una red. Una red que contiene, que sostiene la búsqueda de cada mujer. También una red en la que cada una pueda nutrirse de la experiencia y de la búsqueda de las otras. A la manera quizás en que, ancestralmente, cuando los seres humanos vivían en clanes, en tribus, las mujeres compartían sus tareas y la crianza de los niños. Y hablaban entre ellas; tejían vínculos. Sé que estamos lejos de eso, sé que nuestras condiciones son bien distintas, pero también sé que muchas mujeres, muchas madres, se sienten muy solas, muy desencajadas a la hora de conciliar el modo de vida actual y su maternidad.
Se trata de alimentar las raíces de la esencia y la fuerza femeninas, de echar algo de luz allí donde hay sombra. Porque es en la medida en que una mujer logra estar en mayor armonía con sí misma, es decir, que logra ser más conciente de lo que realmente le pasa, de lo que siente, piensa y quiere, que puede transformarse en un cálido y seguro sostén para sus hijos, y para sí misma..

¿Qué es “hacer un análisis”? (terapia, búsqueda personal...)

"El obstáculo me estimula”
Carlos Paez Vilaró


Quisiera empezar aclarando, que no hay una forma de hacer de un análisis; cada persona le imprime a su búsqueda su modo personal de manejarse en la vida, su manera de ser, de ver...Por eso, aunque hay ciertos momentos lógicos que forman parte del proceso inherente a un análisis, cada experiencia es absolutamente singular.


Empezar

Son distintas las situaciones por las que alguien decide consultar; van desde la curiosidad de saber qué es ir a un psicólogo hasta las consultas que se precipitan en momentos críticos, límite, en de la vida de una persona (accidentes, pérdidas (1), ausencia de deseo, etc.) pasando por aquellos que llegan “porque los mandan”. De todos modos, el motivo por el que alguien llega no necesariamente se corresponde con el compromiso que luego asuma en relación con su búsqueda. Por ejemplo, alguien que va a un psicólogo para “cumplir”, porque lo mandan del colegio, del trabajo, etc., puede empezar a preguntarse cosas, a tener una posición activa respecto a querer saber qué le pasa. Por el contrario, puede ocurrir que alguien que llega con un nivel de angustia muy alto abandone el tratamiento en cuanto la angustia disminuya lo suficiente como para no resultarle insoportable. Por lo demás, es absolutamente respetable que cada persona llegue hasta donde quiera o pueda hacerlo, más allá de que uno pueda considerar, en tal o cual caso, que alguien podría llegar muy lejos si lograra liberarse, soltarse de ciertas ataduras. Pero siempre se trata de las decisiones de la persona.


Momentos lógicos (o breve reseña del trayecto)

Como dije anteriormente, lo que pueda esperarse de un análisis dependerá en cierto modo de cada persona, básicamente de hasta dónde alguien quiera llegar. No todo el mundo tiene ganas de meterse con sus zonas de oscuridad (con eso de lo que nada quiere saber), hacer movimientos, cambios. En general suele parecer más fácil evadir, tapar con otras cosas, no pensar y seguir para “adelante”…pero a la larga algo estalla.
Podría señalar diversos momentos, cruciales, por llamarlos de algún modo, en el recorrido de un análisis. El primero es el hecho de consultar, de dar el primer paso, sea por la causa que sea. Luego ubicaría un segundo momento en el pasaje de una posición de queja (quejarse por las cosas que le pasan, considerarse víctima, de los otros, del destino, de la vida, etc.) a una posición responsable; comenzar a responsabilizarse por lo que le pasa (lo cual nada tiene que ver con culpabilizarse, más bien diría que mientras alguien sigue culpabilizándose por algo es que no se hace cargo de eso). El hacerse responsable implica un corrimiento de mira, desde los otros hasta uno mismo; abre la dimensión de las preguntas, algo así como un: ¿qué tengo que ver yo con esto que me pasa? ¿Por qué dejo o busco que me pase? ¿Qué hago para cortar con la repetición? Y ahí se abre el juego, que muchas veces se parece bastante al juego de la Oca en eso de avanzar cinco casilleros, retroceder dos, avanzar uno... y así. De todos modos, mi experiencia me dice que uno siempre avanza mientras siga en la búsqueda, aunque por momentos retroceda o se sienta detenido; si persiste, uno vuelve a moverse. Y así se llega a otro momento que es el de lograr sostenerse en la búsqueda aún cuando uno no tenga ganas, aún cuando una fuerza muy grande tire en el sentido contrario (la misma fuerza que lleva a repetir las mismas situaciones displacenteras). Claro que con esto no quiero decir que alguien tenga que obligarse a hacer algo que no quiere, porque esto no tendría sentido, de hecho si verdaderamente no quiere en algún momento se terminaría. Definitivamente creo que hay tiempos para cada uno, momentos, que no pueden forzarse (pero también creo que muchas veces por no esforzarse, se pierde el tiempo) y por otro lado también puede pasar que a alguien no le funcione con cierta persona (psicólogo, terapeuta, analista) y en ese caso lo mejor que puede hacer es cambiar de persona (lo cual no es lo mismo que cambiar de persona cada vez que se encuentra frente a un punto difícil de resolver, inclusive con el propio terapeuta).
Pienso que una buena analogía de lo que implica un análisis es la leyenda o el mito de Teseo, el héroe griego que atravesó el laberinto de Creta para dar muerte al Minotauro. Haber transitado y haber llegado al fin del laberinto es sólo una parte de la hazaña, una parte muy importante sin dudas, pero aún queda algo más: “la hora de la verdad”, el acto final. Así como Teseo tuvo que vérselas con el Minotauro para terminar su travesía, cada uno, en el final, tendrá que tomar la decisión de dar el salto (o no). El salto implica soltarse, soltar ciertas costumbres, modos de manejarse, “placeres oscuros”... y cambiarlos por otros, por nuevas formas. Estas últimas definitivamente no están preestablecidas, nadie nos dice qué hay del otro lado, que debería haber. Por eso suele costar este acto final, porque se trata de un salto al vacío. Pero qué mejor que el vacío para hacer surgir de allí algo nuevo. Las grandes obras han surgido de una nada, una hoja en blanco y el deseo de hacer algo con eso. Por lo demás, no creo que lo importante sea lo grande o no de la obra, sino el placer de realizarla.


Repetir...y volver a repetir

Volviendo a los por qué del comienzo de un análisis, es muy frecuente encontrarse de entrada con cosas que se repiten. Alguien llega cansado de tropezar una y otra vez con lo mismo, de no poder enfrentar determinadas situaciones, de no lograr separarse de cierto padecer que, cual sombra, parecería seguirle los pasos, vaya donde vaya, a la manera de un “destino” personal (2). A veces, en una de esas repeticiones, alguien se cansa, o se ve rebasado por la situación y decide buscar ayuda; muchas veces estos momentos límite son el origen de búsquedas muy profundas, de verdaderos encuentros con lo más íntimo del ser. Polémico y paradójico ser; aquello que más nos pertenece, la fibra más íntima, y al mismo tiempo, lo más oculto y oscuro para nosotros.
En cuanto a estas repeticiones, suelen tratarse de antiguos modos de manejarnos, de enfrentarnos (o precisamente de no enfrentarnos) a las cosas, que ya no resultan útiles o satisfactorios en el presente. Es más, tal vez ni siquiera fueron favorables en un comienzo, quizá simplemente fue lo que pudimos o elegimos hacer en algún momento de nuestra vida, cuando las situaciones eran otras, y luego se transformaron en hábitos, en algo aparentemente inseparable, insuperable. Es común escuchar de alguien: “yo soy así”; aún cuando el “ser así” sea algo que le genere muchos problemas en su vida. Por supuesto no desconozco que hay ciertas cosas que son, por decirlo de algún modo, “características de uno”; esas particularidades que suelen llamarse la esencia de algo o de alguien. Y aún más, a veces son justamente estos aspectos “esenciales” de alguien los que precisamente le complican la vida. Pero, aún con esto puede hacerse algo distinto.


El arte de transformar

Es cierto que uno podrá en su camino, en su búsqueda, desprenderse de muchas cosas, cambiarlas… “fácilmente” digamos. Pero siempre hay algunas que son las que más cuestan, las que insisten, las que hacen pensar que uno no va a poder con eso, que está demasiado arraigado, en definitiva, “que uno es así”. Y si, hay ahí algo de verdad; hay ciertas cosas que no van a desaparecer como tales, pero sí se puede hacer con ellas algo distinto: transformarlas. Adaptando la famosa frase de Einstein a la ocasión podríamos decir: No se pierden, pero se transforman. Pongamos un ejemplo: imaginemos que hay alguien que es extremadamente fantasioso, que parece transitar su vida en un mundo de ensueños (3). Esto podría convertirse en un problema a la hora de, por ejemplo, conseguir un trabajo, hacerse cargo de ciertas responsabilidades que le permitan mantenerse, más aún, mantener una familia, etc. Sin embargo, esta aparente, o real, dificultad para conectar con la realidad podría llegar a constituirse en “su modo particular de construir su realidad” si, supongamos, esta persona se transformara en escritor por ejemplo. Así, el aparente obstáculo, si lograra ser encausado, moldeado exitosamente, podría transformarse en el motor, la llama de su trabajo (y por qué no de su vida, de algún modo). Encontré una frase de Duke Ellington (4) que me parece buena para dar cuenta de esto: “Simplemente tomo la energía que usaría para enojarme y escribo algún blues.”
Es muy común escuchar hablar de la sublimación en relación al arte. Se entiende por sublimar el hecho de transformar ciertas tendencias primarias, socialmente no aceptadas, en otras que sí lo sean (por ejemplo, una buena forma de sublimar el sadismo (crueldad) de alguien podía ser convertirse en cirujano). Creo que siempre que se logre transformar algo problemático para uno, digamos, en algo satisfactorio, beneficioso, hay algo del orden de la sublimación en juego. En todo caso, lograr dar ese paso es todo un arte, una “invención personal”.
Podríamos decir que de algún modo, y con la particularidad de cada persona, esto es lo que se espera de un análisis. Poder dejar la queja, el lamento por lo que no fue, por lo que no se tiene. Abandonar la espera de lo que no será y lograr hacer algo bueno con lo que hay, e inclusive y fundamentalmente, con lo que no hay. Esto, y poder renunciar a esa cuota de masoquismo, de goce oscuro que, en mayor o menor medida, se alberga en cada uno de nosotros.


Lo oscuro

Para aquellos que no están familiarizados con la cuestión suele ser casi increíble pensar que uno alcance cierta “satisfacción” en el padecer; satisfacción absolutamente paradojal. ¿Acaso uno no busca su propio bien? Si y no. Una parte nuestra tiende a nuestro bien, pero hay otra que "disfruta"  en el dolor. Como cuando alguien triste por una pena (de amor supongamos), se pone a escuchar temas musicales que, lejos de animarlo no hacen más que darle consistencia a su desazón.
Hay un tema de Charly García que es toda una descripción de esta oscura satisfacción paradojal: “Influencia”. Lean la letra si pueden, yo sólo voy a tomar dos frases. La primera: “Si algo controla mi ser”; da cuenta de esa fuerza que pareciera obrar en nosotros, a pesar de nosotros. La segunda: “Que placer esta pena”; describe maravillosamente la satisfacción en el padecer.
Este oscuro goce puede manifestarse de muy diversas formas y con diferentes intensidades, pudiendo, en ocasiones, llegar a complicarle muchísimo la vida a alguien. Por eso el esfuerzo que implica adentrarse en las profundidades de uno mismo y destapar cosas que estaban tapadas hace mucho tiempo está, a mi entender, justificado.


Soltar 

¿Cuál es la ganancia que se espera como resultado de la travesía? El deseo, como motor de la vida. La avidez de vivir, la soltura. Toda la energía con la cual se cuenta para producir, para disfrutar, cuando al fin se la puede liberar de esos lugares oscuros en los que estaba estancada. Encontrarse al fin, y poder soltar a esos “Otros” que están siempre mirándonos desde algún lado, con sus mandatos, sus expectativas, sus enojos… (cualquiera puede encarnar este lugar). El Otro del “qué dirán”, el Otro al que se busca complacer o al que se busca contradecir; en definitiva es lo mismo. Por supuesto, no se trata de que uno se convierta en un ermitaño, aunque definitivamente la relación con los otros ya no es la misma. Se trata de vivir libremente, de hacerse cargo de las decisiones propias, de tomar responsabilidades, de abandonar la posición infantil.
De seguro habrá muchas cosas más, singulares, que justifiquen para cada uno su propia búsqueda; pero eso, sólo uno puede averiguarlo.
Para terminar, quisiera dejarles una frase de Oscar Wilde que me pareció simple pero contundente: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe. Eso es todo”.

Fernanda Trezza

Nota: Artículo publicado en "El sigma":
http://www.elsigma.com/site/detalle.asp?IdContenido=12091

Referencias:
(1) Con la doble acepción de “estar perdido” también.
(2) Doy sólo algunos ejemplos que se observan con frecuencia: ponerse en situaciones de peligro o maltrato (o ser siempre el chivo expiatorio); no concretar nunca los deseos, proyectos; no sentir deseo; inhibirse frente a determinadas situaciones; no poder salir de una dependencia de algo o alguien; no poder dejar la infidelidad; encontrarse una y otra vez en relaciones triangulares; no poder parar de pensar (cuando ciertos pensamientos se vuelven tortuosos); endeudarse una y otra vez, etc..
(3) Recuerdo dos frases dichas por Cortázar en una entrevista: “Yo me siento más cómodo en un terreno que toca lo irracional” y “Yo me movía con naturalidad en el terreno de lo fantástico sin distinguirlo demasiado de la realidad”.
(4) Famoso jazzista estadounidense.
El no sé qué de la otra..

Artículo publicado (abreviado) en la sección de Psicología de "Página 12" el 25/2/2010

Todo comienza…bueno, en verdad todo comenzó mucho antes, pero la idea de este trabajo decanta, si, eso, decanta a partir de un episodio que me hace notar un hombre. Se trata de algo que ha visto, con cierta sorpresa, según sus ojos de hombre. La situación es la siguiente: una mujer está almorzando en un restaurante con su esposo, o pareja y sus dos hijos; aparentemente todo anda bien, todos ríen, conversan y disfrutan de sus vacaciones (si, esto transcurre en una ciudad de playa en verano). De pronto llegan al lugar dos mujeres, tal vez un poco más jóvenes que la mujer que almuerza con su familia, tal vez no. Una de estas chicas llega, como suele suceder en lugares de playa en verano, con un pantalón pero sin remera, en maya. A partir de ahí la mujer que antes almorzaba tranquila parece no estarlo más. Mira de arriba a abajo a la recién llegada y su cara se transforma, ya no es la misma, ya no se la nota distendida sino algo incómoda tal vez, perturbada.
El hombre que me detalla esta situación, termina su relato con el comentario: “Ni que hubiera llegado Penélope Cruz”. Puede ser, a los ojos de este hombre, pero es evidente que algo en esta mujer inquietó a la otra, algo que sus ojos vieron como deseable.
Casi en simultáneo con el fin del relato tomo conciencia de que en el lugar donde estamos están pasando un CD de temas románticos, una especie de compilado de cantantes que, aunque lejos están de ser los que más me gustan, me vinieron muy bien para “ver” qué es lo que esas letras tienen en común que funciona como un imán para el público femenino (para cierto público femenino); todos le cantan a una, una entre todas, una que eligen, a la que aman y desean aún con su “grasa abdominal”. Y ahí, producto de esa sincronicidad del relato y las letras de "amor" se esclareció para mí..

Ser la única

Es en este punto que retomo la pregunta original, la pregunta de las preguntas de la feminidad (¿qué quiere una mujer?) y me contesto: no todas las mujeres son iguales!!, pero, me atrevo a decir que en muchos casos en algún punto se quiere ser la única; y aquí empiezan a complejizarse un poco las cosas, como casi siempre pasa con las mujeres, lo cual no implica algo negativo en sí. Quiero decir que esto puede tener diferentes vertientes. Puede, en algunos casos, implicar ser la única entre todas, en ocasiones inclusive la única para todos, por ejemplo: la más linda, la más inteligente, la más audaz, la más…No importa cuál sea el calificativo, siempre se trata de algún aspecto destacado para ella o que haya sido destacado por algún hombre o mujer de su interés y entonces pasa a ser para ella una virtud.
Aquí no solamente se encuentran las mujeres que buscan tener una aprobación masiva o seducir de un modo indiscriminado (por ejemplo ciertas mujeres del espectáculo en una lucha desenfrenada por ser “La” diva, la del mejor cuerpo, la mejor); también podríamos pensar aquí a aquellas mujeres que estando en pareja, sintiéndose amadas y deseadas por un hombre, de todos modos sienten peligrar su lugar, casi su identidad como mujeres si aparece una mujer que ellas consideren que podría reemplazarlas, superarlas en algún punto. Esto es, en la mayoría de los casos, por considerarlas lindas, interesantes, por tener cierto estilo, por tener un "no sé qué". Así es como suele jugarse una especularidad donde la del otro lado (del espejo, si se quiere, ya que se trata en definitiva de ver aquello que no se logra atrapar de lo femenino en la otra, u Otra deberíamos decir) pasa a ser la única protagonista, “La” Mujer. Sólo hay lugar para Una en el feroz estadío del espejo. Una triunfa, la otra es desecho, un triste reflejo; tal como esos laberintos de espejos en donde según el cristal con el que uno se mire la figura aparece deformada, grotesca, en el mejor de los casos causando gracia, en el peor de ellos causando angustia.
Hay algunos aspectos curiosos de esta situación. Uno de ellos es que, graciosamente puede suceder, y de hecho ocurre con frecuencia, que ambas participantes de este “juego de espejos” piensen o sientan que la otra es la verdadera, la que tiene el encanto de la feminidad. En ocasiones este encanto puede estar encarnado en algún atributo bien definido y otras veces aparece como un “no sé qué” que la otra tiene, un misterio que la hace deseable.
Otro de los aspectos interesantes de esta situación es que, muchas veces aquella otra mujer “rival” lo es a partir de haber percibido que ella genera cierto interés, deseo, en los hombres.
Más allá de que podamos considerar a esta situación una exageración, lo curioso sin embargo es que esta misma experiencia de envidia o celos puede darse perfectamente sin que entre una mirada masculina en escena, o mejor dicho, una mirada de un hombre concreto presente. Quiero decir con esto que seguramente hay ahí una mirada masculina en juego, pero esta está encarnada en la mujer que mira. Esto es, cuando una mujer mira a la otra y la considera deseable, peligrosa en tanto rival, objeto de sus celos, la está mirando con ojos de hombre, y esta “mirada de hombre” la construye tal como fue construido Frankenstein, con fragmentos de cosas que escuchó, vio, percibió, que ciertos hombres deseaban. Puede que estos últimos sean hombres más o menos influyentes para ella, aunque en definitiva de algún modo todos lo son en la medida de que le dan una “pista” acerca de qué es aquello que hace deseable o “amable” (en el sentido de amada) a una mujer. En cuanto a estas “pistas”, éstas pueden transformarse en andamiajes para la construcción de la propia feminidad de una mujer, esto es, funcionar como atributos a identificarse que le permitan ir armando, eligiendo su propia forma de ser mujer, o pueden llevarla a un callejón sin salida en la medida en que es imposible construir “Una” forma de ser mujer. A propósito de esto se me ocurren esas eternas encuestas acerca de si los hombres prefieren a las rubias o a las morochas por ejemplo. Encuestas en las que los hombres dan su opinión, particular en cada caso, y las mujeres leen en busca de algo que de todos modos siempre se les escurre, “La” respuesta…Siempre habrá algo que quedará afuera, algo que se perderá (por seguir con el ejemplo anterior, muuuuy básico, si, pero gráfico, no se puede ser rubia y morocha a la vez) y tal vez el misterio, y por qué no el encanto de la feminidad tenga que ver con ese poder hacer algo con lo que hay, o precisamente con lo que no hay, con la definición que no hay.

Ser la Una para Uno

Por otro lado, pienso en otra forma en que una mujer puede ser la única, una forma que sea para ella estabilizadora, y no devastadora. Esto es, cuando una mujer logra ocupar el lugar de única para un hombre. Es decir, que pueda sentirse amada y deseada por un hombre y que esos sentimientos tengan tal particularidad que la ubiquen a ella en un lugar especial, aquel que le permita liberarse, soltarse, desinhibirse, ir más allá de los límites de su cuerpo; sentir una seguridad tal que su lugar, su ser de mujer no se vea amenazado por ejemplo si el hombre con el que está mira a otra mujer. En este punto considero que tal “estado”, si puedo llamarlo así, depende tanto de que un hombre pueda conjugar el amor y el deseo sexual en una mujer de un modo singular, como de que esa mujer pueda encarnar ese lugar y deje de pretender que la “verdadera” feminidad estará siempre en Otra. Lo digo porque he descubierto lo dificultoso que resulta para muchas mujeres salirse del juego de espejos con otras mujeres, de la trama de la envidia; hay una atracción en todo esto que no se resigna fácilmente. No es algo inusual que las mujeres muchas veces se arreglan para otras mujeres; me atrevería a decir que en ocasiones pueden estar más interesadas en fascinar a otras mujeres que a ciertos hombres. Y bien, en este punto mi hipótesis es que, en la medida en que una mujer esté tan tomada por este juego de rivalidad y atracción con otras mujeres, en la medida en que gran parte de su goce se juegue allí, más dificultoso será su acceso al lugar de única para un hombre, a poder drenar ahí su misterio de mujer y buena parte de su goce, ya no sólo el goce producto de su imagen, sino el otro, aquel que puede brotar cuando una mujer cierra los ojos.
Este es uno de los aspectos que caracterizan a la histeria, su dificultad en el acceso a la feminidad; si se quiere, a lo que de vacío hay en la feminidad, a lo sin respuesta ni definición de la feminidad. La posición histérica en este punto es la que se ubica del lado del menoscabado en el espejo para sostener así que hay un lado “completo”, sin rajaduras, al que podría llegar en algún momento si sigue el camino indicado, las “pistas” correctas. Sin embargo, lo mismo podríamos decir de aquella posición que cree ser “el lado bueno del espejo”, que cree encarnar la completad, “La” mujer. Suele suceder que en cuanto aparece la mínima fisura (y esta siempre aparece) todo se desmorona. Así es como tantas mujeres pasan gran parte de su vida haciendo lo imposible por tapar las fisuras, entregadas al sacrificio de sostener una ilusoria completad; tan ilusoria como imposible. Me atrevería a decir que se trata de dos caras de una misma moneda; pretender el todo tiene como contratara la nada. (El todo mismo es una nada en la medida en que no existe.) Así, una misma mujer puede encontrarse aleatoriamente de uno o del otro lado del espejo, y ambos quedan alienados en una imagen fantasmal, lejana, en un goce especular más o menos tortuoso.
Me pregunto entonces, ¿dónde queda ese goce (y esos goces) que una mujer puede experimentar una vez que logra desprenderse de los espejos? ¿Qué lugar queda para el cuerpo real y sus placeres? ¿Será cierto que a una mujer puede asustarla sumergirse en sus propias profundidades, oscuridades..? por qué...?
¿Cuánta energía, cuántos placeres han derrochado, mujeres, al filo del espejo?

Fernanda Trezza





"Mujer ante el espejo" (Picasso)